Descansar y dormir no son lo mismo

Según los datos de la SEN (Sociedad Española de Neurología) hasta un 30% de la población adulta padece insomnio transitorio, es decir, que una de cada tres personas en nuestro país tiene de manera ocasional algún trastorno o dificultad para conciliar el sueño. Esta situación debe ser pasajera porque de alargarse nos encontraríamos ante un problema de insomnio crónico. En este caso, el porcentaje disminuye hasta el 15%, pero la cifra es alarmante, en torno a 4 millones de españoles no duermen por las noches el tiempo necesario para descansar.

Con el ritmo de vida actual, de trabajo y obligaciones familiares, estas estadísticas no han hecho más que aumentar, y en los últimos tiempos se ha instalado la pregunta sobre qué calidad de sueño es mejor, la de aquel que se acuesta pronto y se despierta cada poco tiempo o la de aquellos que duermen de tirón pero se acuestan tarde.

Un estudio de la Universidad de Hopkins desvela que ‘dormir a trompicones’ es menos saludable que dormir poco (menos horas). Además, arroja más datos, y es que la interrupción del sueño o un tipo de sueño breve podría estar ligado a una mayor posibilidad de depresión. Lo que sí conocemos, es que la falta de sueño influye en el estado de ánimo negativamente. Somos más irascibles, tristes y el día se nos hace más ‘pesado’.

Hay que considerar que la pérdida de un sueño de calidad evita la capacidad de recuperación del cerebro y en consecuencia de nuestras vidas. Un reseteo obligatorio, muy al contrario de todo lo que muchas veces se dice que dormir nos ocupa horas del día y eso nos permite hacer menos cosas.

El propio estudio dirigido por el profesor Finan se plantea que la cantidad y calidad del sueño es correlativa a la cantidad y calidad de nuestro estado de ánimo, de nuestras emociones. Por lo que tan importante es dormir el número de horas necesarias como que esas sean de calidad. En definitiva, de descansar.

Dormir y descansar

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