
El investigador Dan Gilbert afirma que lo que él llama el “sistema inmunológico psicológico” se pone en marcha en respuesta a los grandes eventos negativos de nuestra vida (la desaparición de un cónyuge, la pérdida de un puesto de trabajo…), pero no en respuesta a pequeños eventos negativos (por ejemplo, cuando se nos estropea el coche, tenemos una gotera…). Lo que significa que en nuestro día a día la felicidad se basa en mayor medida en los pequeños acontecimientos que en los grandes.
A primera vista puede sonar algo descabellado, pero Gilbert cita estudio tras estudio datos que confirman su veracidad.
En un sentido importante, la felicidad es un canto a la ilusión. ¿Cómo nos las arreglamos para pensar que somos grandes pilotos o reconocidos chefs cuando los hechos de nuestra vida incluyen un historial de coches abollados y platos terribles? Dan Gilbert tiene una respuesta sencilla: retocamos los hechos y la realidad.
Desde Freud, una de las ideas del pensamiento psicológico ha sido que nuestro comportamiento está a menudo motivado por impulsos más allá de la conciencia. La teoría de Dan Gilbert es una versión científica de la ilusión/desilusión freudiana, con una lógica defectuosa – en lugar de los deseos ocultos del inconsciente – que nos hace percibir la realidad erróneamente y tomar decisiones que no van en nuestro interés más racional, que busca nuestra felicidad.
Lo que nos permite continuar con nuestras vidas es, evidentemente, la cantidad justa de la ilusión – la suficiente como para engañarnos a sentirnos relativamente bien con nosotros mismos, pero no tanto como para superar nuestra propia credulidad.
Según Gilbert “Si tuviéramos que experimentar el mundo tal como es, seríamos demasiado deprimentes como para levantarnos de la cama por la mañana, pero si tuviéramos que experimentar el mundo tal y como queremos que sea, estaríamos engañandonos a nosotros mismos.”
¿Puede el conocimiento de estos mecanismos cognitivos hacernos más felices? Por desgracia, no. De hecho, esa es la base para la felicidad de Gilbert: la imaginación o la manera que tenemos de proyectarnos hacia el futuro debe ser la clave para predecir lo que nos hará felices, pero no somos capaces de imaginar con precisión.
Curiosamente, los deprimidos parecen menos susceptibles a estos errores cognitivos básicos. Por ejemplo, las personas sanas pueden ser inducidqs a una mayor felicidad cuando se les concede la mera ilusión de poder controlar el medio en el que se desenvuelven. En cambio, los deprimidos reconocen la ilusión por lo que es: un mero engaño o espejismo de control.
Para Gilbert es una prueba más de que la gente infeliz tiene la visión más exacta de la realidad y que aprender a engañarnos a nosotros mismos puede ser la clave para nuestra felicidad.