Un colchón, máximo 10 años

No existen en el mercado equipos de descanso capaces de cumplir satisfactoriamente su función de manera indefinida. Factores como el uso y el paso del tiempo merman las propiedades de firmeza, elasticidad e higiene de los mismos. Por eso la Asociación Española de la Cama (ASOCAMA), recomienda reemplazar los equipos antes de los 10 años en beneficio de un descanso saludable.

Cambiar el colchón cada diez años como máximo puede parecer una frase hecha pero tiene un fundamento real basado en años de experiencia de fabricantes y usuarios.

Pasado ese tiempo la firmeza deja de ser la apropiada, es entonces cuando solemos levantarnos con la sensación de ‘haber dormido fatal’ sin saber porqué, o con contracturas o agujetas. Por otra parte, está el tema de la higiene, años de sudar, estar enfermo, ¡o cosas peores en el caso de los niños!, hacen que la suciedad y los ácaros se vayan acumulando, hasta llegar incluso a provocar alergias.

Además, tu cuerpo también cambia: Lo que era bueno para nosotros hace unos años puede que ya no lo sea hoy. Aparecen y/o desaparecen lesiones, enfermedades, y aunque no lo hagan, un cuerpo de 20 años no es igual que uno de 30, ni uno de 40 igual que uno de 50.

Ergonomía: La cama debe ser ergonómica para adaptarse a la perfección a nuestra fisonomía a través de dos aspectos fundamentales: la sustentación y el confort. La correcta sustentación debe garantizar que nuestra columna vertebral descansa totalmente alineada. Por otro lado, necesitamos un colchón que se adapte a nuestro cuerpo de forma confortable y sin generar puntos de presión que nos hacen cambiar de postura, provocando unos micro-despertares que reducen la eficiencia del sueño.

 

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