No es tanto la tecnología utilizada -látex, muelles o espuma- lo que cuenta, y los especialistas del sueño dicen que ni siquiera es tan importante. En su lugar, debes centrarte en las cualidades intrínsecas del colchón, sin olvidar que la base proporciona una buena ventilación a tu ropa de cama.
Es mejor si hace juego con el colchón y, si tiene listones, si están lo suficientemente apretados: cuanto menos espaciados estén los listones, mejor será el apoyo.
Firmeza: ni demasiado blanda, ni demasiado dura
La idea de que un colchón muy firme sería bueno para la espalda, o que una tabla entre el colchón y el somier haría que todo fuera mejor, no es cierta. Si te mueves mucho durante la noche y sufres de dolores inflamatorios, te pasarás el tiempo despertándote en un colchón demasiado rígido para acomodar los puntos de presión del cuerpo.
Confort: una cierta suavidad
Sea cual sea la técnica utilizada, esta es la fórmula que hay que recordar. Una primera impresión de confort, con cierta suavidad; una segunda impresión de apoyo correcto para todas las partes del cuerpo, especialmente en sus puntos de presión como los hombros, las nalgas, etc. Este es el objetivo. Sin olvidar el grosor del colchón: cuanto mayor sea su densidad, mejor absorberá los movimientos nocturnos.
Regulación de la temperatura
Se trata de una dimensión en la que no pensamos mucho, pero que es esencial. El colchón debe permitir una buena regulación de la temperatura corporal para garantizar un sueño satisfactorio. Si tienes demasiado calor, duermes mal y el umbral del dolor se altera. Lo mismo se aplica si tienes mucho frío. Los materiales naturales (lana, algodón) suelen garantizar un mejor intercambio térmico.
Las dimensiones correctas
No debes elegir un colchón demasiado pequeño, aunque el espacio en el que vayas a instalarlo no sea muy grande. Se recomiendan colchones de 160 o incluso 180 cm. Si uno de los dos miembros de la pareja se mueve mucho, inevitablemente alterará la calidad del sueño del otro y acentuará su dolor al alterar la comodidad con la que duerme su pareja.
El componente del placer
No hay que ignorar el carácter subjetivo de la elección. Todo es una cuestión de sentimiento. Pero el placer es un componente esencial en la calidad del sueño y no debe descuidarse.